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El café de la primera etapa

Lo que acostumbramos a llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado. – Alexis Tocqueville 

Será porque llevamos años así. Será cierto que el uso es costumbre y ésta deviene en ley con el paso del tiempo. Será por esta razón que tendemos a dar la espalda a lo nuevo pues nos huele a lo mismo. Será que desconfiamos de la palabra “profesional” pues la asociamos a “profesional de lo suyo” y a “éste me quiere vender algo”. Será que nos gusta que nos guíen… ¿y si nos equivocamos?

Hace poco tuve la oportunidad de asistir, junto a Juan Carlos Perujo, a un desayuno, cuyo enlace les comparto, en el que Marcos Urarte fue el responsable de la ponencia (les invito a asistir a una de sus conferencias si tienen la oportunidad). En ella, nos lanzó una reflexión de la que les hago partícipes. Partía de una de las máximas más absurdas que tenemos incorporada en nuestro ADN, de aquellas que se han convertido en costumbre: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¿Porqué si el condicionante de la frase es “bueno por conocer”? ¿Por qué seguimos atados a aquello que nos hace sentir incómodos? Créanme si les digo que en el sector financiero es en el que más se repite esta costumbre. Nos hemos vuelto adictos a las oficinas bancarias y a la comercialización.

Los que apostamos por independizarnos en el sector sólo tenemos un fin no ligado a objetivo comercial alguno y sí ligado al cliente. No perseguimos “barrer para casa” porque nuestra casa es el cliente. Como veremos en el post del viernes, sólo existen cuatro grandes criterios de ordenación de un patrimonio en base a las diferentes categorías de inversiones, a saber: mobiliario, inmobiliario, capital riesgo y activos personales (que no son inversiones y sí patrimonio). Nuestro trabajo, como asesores financieros independientes, consiste en ordenar los objetivos y valores de los clientes y transformarlos en metas económicas que, indudablemente, pasarán por alguna o todas de las categorías de inversiones antes mencionadas. ¿De qué dependerá? De factores como perfil de inversión, temporalidad de los objetivos, etc.

A nosotros, los asesores, lo que nos importa es coordinar el qué, el cómo y el cuándo. Poder ser la extensión del cliente en el sector financiero. Estamos bien para ayudar a construir un patrimonio fomentando, sobre todo, la cultura financiera bien para optimizar, mejorar, el existente. Tenemos que hacerlo desde la objetividad y la complicidad. La primera exige que el profesional no cobre de una entidad sino que facture directamente al cliente (lo sé, todavía no estamos del todo preparados). La segunda, la complicidad, es el único activo que se debe gestionar en toda relación. Sin ella, sin confianza, no llegaremos a puerto alguno. ¿Cómo gestionarla? Aunque lo veremos específicamente otro día, deben establecerse reuniones periódicas de seguimiento (tal y como indicamos en nuestros servicios) y anuales de revisión en las que se analiza al detalle en qué punto estamos de la ruta marcada en la planificación financiera y, de haber desvíos, deben encontrarse las causas y establecer las correcciones si fueran necesarias.

Así que les invito a establecer nuevas costumbres, a caminar por la ruta de lo lógico y la profesionalidad y a adecuar sus inversiones a sí mismos.

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

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Sobre mí

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