Anuncios

Cotidiana anormalidad

Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.” – Sir Arthur Conan Doyle

Les he de pedir perdón pues publicaciones diarias nos tienen tan asombrados que hacen indispensable un pequeño paso atrás para ayudar a comprender el entorno y, así, luego caminar juntos en la dirección adecuada. La parte buena es que cogeremos el impulso adecuado.

Seguramente es una cuestión de susceptibilidades. A lo mejor no habrá para tanto pero titulares como el aparecido en Funds People el pasado 20 de mayo, “Concienciar a los ciudadanos de que deben ahorrar con visión de largo plazo es el caballo de batalla de la industria para los próximos años”, o como el aparecido en Funds Society el mismo día, “El ahorro individual, la única solución sostenible en el futuro“, a mí me desmoralizan. ¿Se supone que he de aplaudir?

Lo sé, hay que leer el artículo y no quedarse en los titulares. Vamos allá. Punto en común en los dos: “Nuestro objetivo es tratar de enseñar al ciudadano a aprender a ahorrar y eso pasa indiscutiblemente por un mayor asesoramiento y una mejor planificación financiera. Es un reto difícil, pero que te obliga a trabajar duro para alcanzarlo” y “es muy importante afrontar el problema de la educación financiera del inversor. Ningún país del mundo está en una posición ideal en este terreno, ni en Europa ni en América. Es necesario educar al inversor y al asesor financiero, para conseguir que se recupere la confianza en el sistema“. Insisto, ¿se supone que he de aplaudir?

Razonemos en voz alta. ¿Quién sino la industria ha guiado a los clientes hasta el día actual? ¿Quién sino la industria ha (mal) educado al cliente en el corto plazo? ¿Quién sino la industria ha ocultado comisiones y cambiado nomenclaturas que alertaban de riesgo con el único propósito de vender más? Ahora todos se llenan la boca hablando de la necesaria educación financiera y, lo que es peor, bajo el pretexto de “conseguir que se recupere la confianza en el sistema”. La parte buena es que se han dado cuenta que con medias verdades ya no pueden convencer al consumidor/cliente. Pero, entonces, ¿qué entendían o entienden por servicio?

Un compañero, Enrique Arcos, nos hizo llegar esta semana las conclusiones de otra encuesta liderada por Accenture y Afi al respecto del futuro de la banca privada. Bajo el título “Banca Privada: forward” (Forward en adelante) hace acopio de cuantas respuestas ha recogido de las distintas compañías, nacionales e internacionales, que actúan en este sector. Dicho estudio complementa el publicado en este mismo blog el pasado martes. Previo a entrar en materia quiero felicitar a Alfredo Ávila y a David Cano por el magnífico trabajo realizado.

En Forward, la banca privada nacional señala como reto el siguiente: “el futuro (sería bueno concretar la fecha) pasa por generar en los clientes experiencias de servicio integral, de asesoramiento, de cercanía y, sobre todo, de confianza”. Más adelante encontramos que lo que hay que hacer “es ofrecer al inversor el estudio de su situación y plantearle la mejor respuesta posible, es decir (agárrense): soluciones“.

Nos hemos acostumbrado tanto a la cotidiana anormalidad de estas realidades y de estas publicaciones que son hasta aplaudidas. Que no se enfaden nuestros colegas del sector financiero y ruego entiendan el sentido de las palabras. Resulta del todo indignante el reconocimiento que hacen de estar obligados, entre otras y como más destacadas, a hacer un ejercicio de transparencia en cuanto a lo que cobran a los clientes, de conocimiento real del cliente, de no venta de productos (y menos los complejos) y de acompañar al cliente en todo momento (incluso interdisciplinar).

No sé a Ustedes pero esto a mí me provoca sudor frío en cuanto a las actuaciones realizadas hasta el momento en que se ha producido esta conciencia sobrevenida. No obstante, el sentimiento es dual pues, también, provoca alegría por lo que implica de cara al futuro (cuya fecha ignoramos pero queremos entender inminente).

Sea como fuere no se si la cotidiana anormalidad es el atropello realizado a los clientes al anteponer los “sartenazos” (parafraseando a Martín Huete) a sus necesidades o si la cotidiana anormalidad es lo que hacemos los que nos dedicamos a la correcta planificación financiera dedicando el tiempo que haga falta a conocer y entender las necesidades de los clientes, ordenar sus recursos y planificar en base a sus objetivos.

Dirán que tenemos un exceso regulatorio. Y es cierto. Pero el atropello que se ha realizado en los intereses de los clientes es tal que el sector financiero nacional no merece otro marco.

Eso sí, la confianza no se regula.

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

Deja un comentario

Site Footer

Sliding Sidebar

Sobre mí

Sobre mí

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

En redes sociales

Para suscribirse al blog

design·branding·digitalmkt

Facebook Page

A %d blogueros les gusta esto: