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Potenciar los recursos

“El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”. – Benjamin Franklin

Siempre he huido de todos aquellos anuncios y libros que te auguran hacerte rico de manera muy fácil siempre que sigas sus recomendaciones. Lo que sí puedo decir es que esos métodos son infalibles para quienes los promueven pues consiguen captar la atención de un sinfín de personas que pagan lo que cueste el libro o lo que haga falta por saber los secretos del acceso al paraíso de la diosa fortuna.

Además, luego con un buen marketing y una buena empresa de relaciones públicas consiguen llenar auditorios para realizar formaciones, previo pago obviamente, y, a su conclusión, invitan a pagar por adelantado (gozando de un descuento inigualable) el próximo curso que es el determinante  si quieres conocer el nuevo y definitivo paso a dar para ser rico. Resultado: ellos millonarios y sus seguidores subsistiendo para pagar esos cursos.

Bueno, es lo que tenemos. Es lo que hay. La historia de la humanidad está llena de embaucadores, auténticos maestros del encantamiento de serpientes que han hecho su riqueza a costa de la debilidad y necesidad del prójimo. Pero no por ello vamos a vilipendiar al resto de profesionales perfectamente cualificados y dedicados que , en todos los sectores, hay.

Vivimos bombardeados por noticias a las que les gusta destacar el lado oscuro del ser y llenarnos de miedos. Pero somos mucho más que todo eso. Nos gusta compartir. Y nos gusta hacerlo gratis. Si algo es bueno y me funciona, se lo cuento a mi amigo, mujer,…, para que lo conozca y, si es el caso, lo pruebe. “Ojalá les funcione también” pensamos. Esto ocurre con hoteles, restaurantes y tiendas de ropa. Y también ocurre con dentistas, abogados, gestores, auditores,… asesores financieros.

Hoy en día gracias a las redes sociales el eco de las recomendaciones (positivas y negativas) se ha hecho mayor y viral. La parte buena es que, gracias a esto, el grado de responsabilidad debida por todo profesional es mayor por la exposición a la que se somete.

No hay camino directo a la riqueza y sí caminos para potenciar los recursos de los que uno dispone. Los dos primeros los señala la cita que encabeza este post: trabajo y ahorro. El tercero lo da una correcta planificación financiera. Hay que aprovechar el momento dedicado al análisis de los recursos para quitar de los gastos todos aquellos que sean superfluos a fin de potenciar el dinero destinado al ahorro. Si se quiere, convertir el gasto en inversión.

¿Cómo hacerlo? Previo a ello, es necesario recordar las premisas que defendemos como indiscutibles, a saber: al menos un 60% (mejor 80%) del ahorro debe dirigirse a la conservación y crecimiento sosegado y el resto puede ir a riesgo. Así mismo, los dos objetivos básicos a cubrir son el fondo de emergencia y la jubilación. Una vez aquéllos estén encaminados, y siempre que su perfil inversor lo permita, podemos dirigir nuestra atención a potenciar los recursos disponibles.

Existen dos únicas vías: o creo mi empresa o invierto en empresas de otros. Ambos conllevan riesgo (de ahí el perfil inversor). Se puede o perder todo el dinero invertido o conseguir crecimientos importantes del capital aportado. Es importante recordar que estamos hablando de acciones por lo que ni la inversión es a corto plazo ni los resultados son para mañana. El plazo es de medio a largo.

Si bien tenemos argumentos para defender los ratios en los que la inversión en el negocio propio debe estar, aunque sea por eficiencia de inversión, en cuanto a menores costes, tenemos más herramientas para analizar el poner capital en las empresas de otros. Desde las icónicas start up hasta las cotizadas del Íbex pasando obviamente por el venture capital y sucumbiendo al MAB.

Todo cabe si su perfil inversor lo resiste.

Lo veremos.

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

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Sobre mí

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