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Perfil Inversor: Indivisibles

Los obstáculos son esas cosas que las personas ven cuando dejan de mirar sus metas.” – E. Joseph Cossman

Somos únicos. Nada puede cambiar eso. Un día nos animará una canción y otros esa misma nos provocará melancolía. Aún y así, seguiremos siendo únicos. Perfectamente diferentes los unos de los otros. Tanto en cuerpo como en alma. Conscientes de las diferencias que nos separan e inconscientes de la fortaleza de nuestra unión.

No somos distintos seres en los distintos ámbitos: familia, amigos, trabajo, etc… Somos el mismo ser expresado en diferentes ámbitos. Distintos ecos y magnitudes, pero el mismo ser (al menos, en esencia).

Cada uno de nosotros, con nuestras complejidades, somos únicos e indivisibles. Y con esa integridad del ser debemos ser tratados.

De los principios que nos rigen hay algunos que son inalienables: cómo quiero estar en unos años, lo que deseo para mi familia, cómo no quiero estar y lo que sí pretendo conseguir. En este punto todos somos iguales. ¿Ante todos? No, ante sus bancos no.

No existe el perfil inversor único. Y debiera.

No sé Ustedes pero yo no cambio de ser cada vez que entro en una entidad. Soy el mismo. ¿Por qué entonces en cada entidad he de cumplimentar un test de conformidad con la inversión recomendada (he estado apunto de escribir “escogida”)? La primera razón es porque el regulador no se atreve a consensuar un modelo de protección al inversor. Impone su existencia. Pero el cómo lo deja al “lógico y ecuánime” arbitrio de cada entidad. Entre nosotros, esto me inquieta.

Mi aversión al riesgo es la misma en cada entidad. No puede escalarse ni atenuarse. Es aversión al riesgo. El dinero que yo puedo ahorrar anualmente es el mismo sea quien sea quien formule la pregunta. Mis conocimientos financieros son los que son. No incrementan en el mismo momento temporal según la entidad que formule la pregunta.

En suma, yo soy yo. La integridad del ser impide su división.

De este modo, y conveniendo todos en el plano racional, debiera impulsar el regulador un marco de perfil inversor que pudiera transferirse entre entidades a medida que el cliente ampliara su actuación. Es decir, si su perfil inversor sale que sólo soporta un 20% de riesgo (entendiendo como tal renta variable); Usted debiera tener un 80% en una entidad que sólo invirtiera en renta fija y el 20% en otra que hiciera lo propio en renta variable. No, no me he vuelto loco. Necesariamente son distintas entidades. Ninguna es buena en todo. Este juego lo jugamos con las cartas al descubierto.

Así es como lo tenemos establecido en nuestra entidad. Quienes realizan el test de idoneidad con nosotros lo hacen por con arreglo a su naturaleza de indivisibles y por la totalidad de sus posiciones. De este modo, si a resultas del mismo aparece que sólo acepta un 30% de riesgo y sus posiciones en la entidad x ya arrojan ese porcentaje, la única actuación que nosotros podemos realizar es el 100% en posiciones conservadoras (renta fija).

¿Perdemos mercado, oportunidades? Lo sé, esta es la constante inquietud de la banca. El todo vale. Hemos de cubrirlo todo para no perder al cliente. La ecuación es otra: por querer abarcarlo todo perdemos al cliente. Así que, olvídense. Ya no toca. Nosotros preferimos ser coherentes. El buen asesoramiento comporta desarrollo y futuro. El malo conduce al caos tanto del cliente como de la gestión. Lo barato sale caro e irrecuperable.

¿Qué ocurre cuando el perfil está cubierto y no le podemos aportar valor? Si se diera ese más que hipotético caso, con gran alegría (¡por qué no hemos de reconocer la perfecta planificación!) afirmaríamos que no podemos aportar mayor valor y que, por lo tanto, nos ofrecemos para dar nuevas opiniones en el futuro.

Como no sufrimos problemas de celo, nos ofrecemos a hacer ese estudio de su perfil inversor y confrontarlo con sus necesidades y objetivos. La ruta que les daremos será la objetiva para su mejor consecución.

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

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Sobre mí

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