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Bajo el síndrome de estocolmo fiscal

The only difference between death and taxes is that death doesn’t get worse every time Congress meets.”- atribuída a Will Rogers

Ayer leí un artículo de Juan Rallo que me dejó un tanto taciturno. El citado lleva por título “¿Somos los españoles masoquistas fiscales?” y se hace eco de la encuesta “Opinión pública política y fiscal (XXXII)” publicada por el CIS en julio de este año.

Los resultados que arrojan la misma no son de desmerecer y dan una orientación exacta del modelo país que proponemos los ciudadanos de este país (algunas de las fuerzas políticas que están emergiendo se estarán frotando las manos).

Previo a analizar algunos de los distintos puntos merece especial atención como en el informe también puede verse como una de nuestras características más endémicas como lo es la crítica y duda de la denominada “gente” versus la continua exaltación del “yo” como modelo de conducta. De este modo, al ser preguntados los encuestados acerca de si el resto de ciudadanos son “conscientes y responsables” en sus obligaciones tributarias las respuestas son:

La "gente" frente a los impuestos

Los porcentajes varían cuando la pregunta se formula en primera persona:

Uno mismo frente a los impuestos

No sé cómo le habrá sentado al “yo” su clasificación por la “gente”. Si esto fuera así no hablaríamos ni de fraude ni de economías surgidas. Y, sin embargo, la consciencia sobre el fraude es la siguiente:

Fraude fiscal

Al ser preguntados por el montante de impuestos que pagamos, es decir, la presión fiscal que soportamos la respuesta es casi unánime:

Presión fiscal

Un 54% opina que los impuestos son necesarios para que el Estado pueda prestar servicios públicos. Sin embargo, estiman que se benefician poco de los mismos en relación a lo que pagan a las distintas Administraciones (en un porcentaje del 55,6% cuando la gente responde que asciende al 61,7% cuando el yo es quien responde). Y así es su percepción del acertado o desacertado reparto de los recursos entre las distintas materias:

Reparto impuestos servicios públicos

Sin embargo, pese a ser conscientes tanto de la enorme presión fiscal como del poco retorno que en cuanto a servicios tenemos del Estado, y aquí la gran paradoja, un amplio porcentaje apoyarían pagar más impuestos para tener (que no gozar ni disfrutar como hemos visto anteriormente) mejores servicios públicos y prestaciones sociales:

Mejora servicios públicos y prestaciones

Inquietante. Más Estado no garantizará ni mejor reparto ni mejores servicios. Después de tantas elecciones y tanta demagogia electa, ¿podríamos decidir qué políticas han sido las más acertadas? ¿Qué modelo económico de país tenemos? ¿Qué plan educativo? En donde coincidiremos todos es que lo mejor que nos ha pasado es la asunción de libertades y la expresión de las mismas. ¿Porqué dejar su gobierno en manos de terceros?

A estos efectos, sirva recordar las conclusiones que el Think Tank Civismo presentó en su informe “Día de la liberación fiscal 2015” en el que nos mostraba, atendida la presión fiscal, la fecha en la que los ciudadanos han generado suficientes ingresos para pagar todos los impuestos. A partir de entonces es cuando comienzan a trabajar para sí mismos.

De este modo, en un primer gráfico podemos observar los días que destinamos al pago de los distintos tributos:

Jornada laboral vs Pago impuestos

Resultando así que, atendidos diferentes niveles de rentas, el día del año 2015 en que uno empieza a trabajar para sí mismo es:

Día Liberación Fiscal según Salario Bruto

Ubicando nuestro tipo impositivo real, en cuanto a rentas del trabajo se refiere, entre los más altos de Europa tal y como podemos observar en el gráfico siguiente:

Tipo impositivo real

Como bien señala el informe en el caso de una familia monoparental con hijos y una renta que no llega al 70% del salario medio, la presión tributaria duplica la me- dia de los países desarrollados: un 30,5% en España frente al 17,9%, la media de los países de la OCDE.

También por la parte de las contribuciones a la Seguridad Social el sistema español también contribuye a que el esfuerzo fiscal sea elevado. Así, y cito textualmente, en nuestro país las cotizaciones alcanzan el 37,33% del salario bruto, mientras que en Alemania, Francia, Austria y Holanda, las aportaciones se mueven entre el 41% y el 42%. Sin embargo, esta diferencia se debe a la forma de financiar la Sanidad (que en nuestro país es con los impuestos y no con la Seguridad Social).

Como nos mostró recientemente Absolutexe tan sólo un 32,20% de la población mantiene al país:

Organigrama Estructura Población 22102015

¿Y queremos más impuestos? ¿Para no vivir y sumarnos al otro tanto por ciento de la población? Coincido con Juan Rallo al afirmar que la solución pasa por reconocer que quienes mejor gestionamos nuestro dinero somos nosotros mismos y no políticos, burócratas y lobbies. Escojamos qué modelo de país queremos y, especialmente, el papel que queremos interpretar en nuestra vida: ser protagonistas o secundarios.

Dotar al ciudadano de mayores recursos gracias a políticas fiscales competitivas seguramente permitirán la transmisión de riqueza a la sociedad en forma de empleo que es lo único que importa. Tener mayor porcentaje de población activa aumentará seguro la recaudación tributaria. No incidir en competencia fiscal y focalizar presión y recaudación tributaria en ese 32,2% sólo conseguirá el efecto contrario.

Evitar que el dinero busque nuevos espacios en donde pagar impuestos (no ya en otros países sino en otras comunidades tal y como ya vimos en “MAB, ruido y pausa“) sólo se consigue con competencia fiscal positiva. La negativa es la actual que consiste en penalizar los niveles impositivos bajos exprimiendo al ciudadano para que dote a los políticos de mayores recursos.


Derechos de la imagen del post: jiaking1

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

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