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No por Abengoa dejaremos de invertir

En definitiva, hipotecan el futuro para justificar un despilfarro actual que, por supuesto, nadie considera excesivo”. – Daniel Lacalle en “Nosotros los mercados

La prensa es unánime: uno de los mirlos blancos de nuestro tejido empresarial tiene 4 meses para conseguir evitar el peor (y ahora previsible) escenario posible. Abengoa anunció el pasado 25 de noviembre que se acogía al preconcurso después de que Gestamp abortara la operación para entrar en la compañía en la que debía inyectar 350 millones de euros. Después de perder su acción en la sesión más de un 50% de su valor el Comité Asesor Técnico del Íbex decidió su exclusión a las pocas horas.

Cabe recordar que el MAB tardó dos días en hacer lo propio con Gowex. Tal y como ocurrió entonces hoy todos hablan de ocaso y de desmoronamiento cuando tan sólo unos meses antes escribían y recomendaban lo siguiente:

Abengoa 22 marzo 2015

Así como antes nos abrumaban con resultados, subidas en bolsa, ventas exitosas y recomendaciones de incorporar el valor en tu cartera (¡cómo es que aún no está!) hoy todos son los más sabios del valor y todos eran conocedores del gran riesgo que tenía la compañía.

Previo a continuar quiero hacer mención a los empleados tanto directos como indirectos de la empresa a los que les debemos respeto y solidaridad y a los que les deseo la mejor de las resoluciones posibles. También quiero precisar que este artículo no va dirigido a ellos ni pretende ahondar en la herida que suficientemente grave es y que tiene las vises de sistémica habida cuenta de cuantos actores hay comprometidos, a saber como principales: Estado y Bancos (especialmente el Santander).

En cuanto al Estado la fiesta en Abengoa viene de lejos pasando por las dos polaridades que ha tenido hasta ahora la representación política de este país en los distintos Gobiernos que se han ido conformado en esto que llamamos democracia. El alcance ha sido tal que en la empresa ha llegado a estar como Consejero el hermano de un exministro que hoy declaraba “la crisis de Abengoa es una muestra de la falsa bonanza” atribuyendo como origen de la misma “el exceso de endeudamiento privado” y excusándose en que “no supieron verlo“. ¿Sale la deuda en los balances? ¿Toda o sólo la ayudas públicas?

Y como gran bote de salvación algunos incluso proponen nacionalizar la empresa.  ¿Están todos de acuerdo? ¿Preparados para más impuestos?

Tal y como he señalado anteriormente quiero centrarme única y exclusivamente en Abengoa como inversión tanto para accionistas como para bonistas. Y, de hecho, para el caso que nos ocupa ni siquiera Abengoa es objeto de este artículo y sí el pretexto para ahondar una vez más en la responsabilidad que conlleva la inversión.

Porque a nosotros no nos toca definir ni defender valor alguno. Nos toca defender al inversor. Aquella persona que se acerca al mercado movida por los grandes titulares de “valores del año”, “valores a seguir”, “acciones para el verano” y “acciones para todos”. Titulares que hoy maldicen la existencia de las hemerotecas.

Invertir es un ejercicio serio que requiere preparación y responsabilidad. No debemos olvidar máximas dichas por referentes de la inversión como pueda ser Peter Lynch que afirmaba “si no analizas las empresas, tienes las mismas posibilidades de éxito que un jugador de póker apostando sin mirar las cartas“, Warren Buffet “el riesgo viene de no saber lo que estás haciendo” o Daniel Lacalle con las tres siguientes que se pueden leer en su libro “Nosotros los mercados”: “Si algo he aprendido en este tiempo es que el análisis detallado, el conocimiento fundamental de las empresas y sus equipos directivos es esencial, porque en un entorno cambiante uno puede tener razón unas veces y equivocarse otras, pero para generar una cartera en la que la menos el 56% de las ideas generen retornos superiores al mercado hay algo que suele funcionar: “los fundamentales prevalecen”, “la pregunta es siempre cuánto podemos perder, no sólo cuanto podemos ganar” y, finalmente, “si algo he aprendido en este tiempo es que el análisis detallado, el conocimiento fundamental de las empresas y sus equipos directivos es esencial, porque en un entorno cambiante uno puede tener razón unas veces y equivocarse otras, pero para generar una cartera en la que la menos el 56% de las ideas generen retornos superiores al mercado hay algo que suele funcionar: los fundamentales prevalecen“.

En suma lo que siempre hemos denominado hacer los deberes. Sirvió para el caso Gowex y sirve para Abengoa. Como lo hizo en su momento para Parmalat, Enron, Pescanova o Terra y no por eso se ha dejado de invertir.

Clamar contra el Estado por no proteger ni haber evitado la situación presente es un ejercicio de enorme irresponsabilidad que no nos podemos permitir. Ya hemos tenido demasiadas alertas como para no darnos por enterados de qué va esto. Conocer, diversificar y, ante todo, delimitar el riesgo. Saber y entender qué significa y saber y entender en qué porcentaje o medida puedo o no ser resilente al mismo. Y actuar en consecuencia que es lo más difícil de gestionar pues hoy la información es viral propagando miedo en mayor medida que alegrías cuando algo ocurre y contagiando el pavor en el inversor quien rápido cambia el rumbo marcado (aunque ni le afecte).

Si me equivoco, ¿pueden indicarme cuántas veces aparece la bolsa en los informativos cuando sus resultados son positivos? En cambio, en la crisis, ¿cuánto espacio ocupaban en los mismos? ¿Quién no sabía acerca de la prima de riesgo y de los batacazos del Íbex? ¿Quién no conoció al MAB gracias a Gowex? ¿Cuántos conocen los recursos que actualmente están consiguiendo las Pymes gracias a dicho mercado?

Y en la industria de fondos de inversión, ¿cuántos negaron del MAB a propósito de Gowex? ¿Harán lo propio ahora con el Íbex? ¿O dejaran la demagogia de lado para centrarse en la aportación de valor?

Mayor altura de miras y mayor responsabilidad. Un nuevo modelo es posible. En todos los sentidos.


Imagen del artículo: blocberry

Un nido de paradojas y contradicciones: soy un abogado atraído por el mundo financiero, un hombre de acción al que le gusta pensar y escribir, alguien dedicado al mundo del dinero pese a saber que lo que importan son las personas, un hombre de paz que no deja de dar guerra. Me apasionan mi familia, mis amigos, la vida, los debates y el vino. Y si todo esto coincide en un mismo lugar, éste se transforma en el paraíso.

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